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Proverbios 17:22 NVI. «Gran remedio es el corazón alegre, pero el ánimo decaído seca los huesos.»
En medio de todas las situaciones que podemos vivir, y aun en medio de la misma enfermedad o debilidad, encontramos que existen personas que se reponen muy rápido y bien, y que a la ligera no le dan tanta importancia a lo que les pueda suceder, porque saben en quién tienen puesta su esperanza y que de una u otra manera, necesitan poner de su parte para seguir adelante en la vida y lograr atravesar los desiertos que inesperadamente nos sobrevienen.
Nos damos cuenta entonces que detrás de todo ello existe el semblante, la resiliencia y ese hálito de alegría que Dios mismo nos puso en el sistema operativo, para que cuando más lo necesitemos, lo podamos sacar como ese remedio o como esa carta que necesitamos jugar de manera astuta, en medio de la calamidad o la debilidad.
Por eso dice el verso: «Gran remedio es el corazón alegre», y qué dicha que pudiéramos explotar al máximo esa alegría que se instala en el corazón, y en medio de todo lo que veamos a nuestro alrededor, simplemente como una decisión, podamos extraer lo bueno, mirar lo que tenemos, las fuerzas que nos quedan, la familia que Dios nos ha dado y todo lo mejor que nuestros ojos puedan ver.
Ahí florece en un instante la alegría que necesitamos para reponernos y para seguir con esperanza, usando los medicamentos que Dios mismo nos dejó desde la eternidad para los momentos de crisis.
Vamos a orar.
Gracias, Señor, por la alegría, por ser tú mi medicina y por haberme dado tanto para alegrarme, pues lo único que tengo en mi mente, mi recuerdo, mi hoy y mi vida entera es el reflejo absoluto de tu fidelidad y de tu cuidado. Tuyo soy, Señor, dueño de mi vida. Decido alegrarme, levantarme, ver lo bueno y sacar de esta experiencia lo mejor. En el nombre de Jesús, amén.
Tu Tiempo con el Número Uno. 5ª temporada, 26 de enero. El mejor remedio.
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Proverbios 17:22 NVI. «Gran remedio es el corazón alegre, pero el ánimo decaído seca los huesos.»
En medio de todas las situaciones que podemos vivir, y aun en medio de la misma enfermedad o debilidad, encontramos que existen personas que se reponen muy rápido y bien, y que a la ligera no le dan tanta importancia a lo que les pueda suceder, porque saben en quién tienen puesta su esperanza y que de una u otra manera, necesitan poner de su parte para seguir adelante en la vida y lograr atravesar los desiertos que inesperadamente nos sobrevienen.
Nos damos cuenta entonces que detrás de todo ello existe el semblante, la resiliencia y ese hálito de alegría que Dios mismo nos puso en el sistema operativo, para que cuando más lo necesitemos, lo podamos sacar como ese remedio o como esa carta que necesitamos jugar de manera astuta, en medio de la calamidad o la debilidad.
Por eso dice el verso: «Gran remedio es el corazón alegre», y qué dicha que pudiéramos explotar al máximo esa alegría que se instala en el corazón, y en medio de todo lo que veamos a nuestro alrededor, simplemente como una decisión, podamos extraer lo bueno, mirar lo que tenemos, las fuerzas que nos quedan, la familia que Dios nos ha dado y todo lo mejor que nuestros ojos puedan ver.
Ahí florece en un instante la alegría que necesitamos para reponernos y para seguir con esperanza, usando los medicamentos que Dios mismo nos dejó desde la eternidad para los momentos de crisis.
Vamos a orar.
Gracias, Señor, por la alegría, por ser tú mi medicina y por haberme dado tanto para alegrarme, pues lo único que tengo en mi mente, mi recuerdo, mi hoy y mi vida entera es el reflejo absoluto de tu fidelidad y de tu cuidado. Tuyo soy, Señor, dueño de mi vida. Decido alegrarme, levantarme, ver lo bueno y sacar de esta experiencia lo mejor. En el nombre de Jesús, amén.
MIguel Montes