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Salmos 73:26 NTV. «Puede fallarme la salud y debilitarse mi espíritu, pero Dios sigue siendo la fuerza de mi corazón; él es mío para siempre.»
Son tantas las cosas que nos pueden pasar de improviso, que cuando menos pensamos, un día estamos bien y al otro, nuestras fuerzas y nuestras seguridades se pueden ver expuestas. Por eso dice el verso que, a veces, cuando nos falle la salud o se nos debilite el espíritu, podemos tener una gran seguridad, y es que el mundo no se ha acabado y que la vida sigue.
Lo mejor de todo es que, en el recorrer de la vida, nunca estamos solos, pues Dios mismo, quien nos creó, nunca nos deja ni nos desampara y solo espera que le miremos y nos embelesamos con Él, para llegar a ser las personas que Él diseñó para que fuéramos desde la eternidad.
Por eso termina diciendo el verso que Dios mismo es nuestra fuerza, la fuerza de nuestro corazón, y que lo podemos hacer nuestro si lo decidimos de esta manera.
Vamos a orar.
Gracias, Señor, por tanto amor que encuentro en tu palabra, tantas respuestas tan oportunas que solo me permiten entender que sigues ahí y estás ahí, y no te has ido ni te irás. Fuerza mía, eres tú, Señor, pues la verdad, sin ti, nada puedo hacer ni tener, pues todo te pertenece a ti, hasta mi último suspiro.
Quiero hacerte mío, Señor, conociéndote más y viviendo más a tu lado, todos los días de mi vida. En el nombre de Jesús, amén.
Tu Tiempo con el Número Uno. 5ª temporada, 27. Motivos.
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Salmos 73:26 NTV. «Puede fallarme la salud y debilitarse mi espíritu, pero Dios sigue siendo la fuerza de mi corazón; él es mío para siempre.»
Son tantas las cosas que nos pueden pasar de improviso, que cuando menos pensamos, un día estamos bien y al otro, nuestras fuerzas y nuestras seguridades se pueden ver expuestas. Por eso dice el verso que, a veces, cuando nos falle la salud o se nos debilite el espíritu, podemos tener una gran seguridad, y es que el mundo no se ha acabado y que la vida sigue.
Lo mejor de todo es que, en el recorrer de la vida, nunca estamos solos, pues Dios mismo, quien nos creó, nunca nos deja ni nos desampara y solo espera que le miremos y nos embelesamos con Él, para llegar a ser las personas que Él diseñó para que fuéramos desde la eternidad.
Por eso termina diciendo el verso que Dios mismo es nuestra fuerza, la fuerza de nuestro corazón, y que lo podemos hacer nuestro si lo decidimos de esta manera.
Vamos a orar.
Gracias, Señor, por tanto amor que encuentro en tu palabra, tantas respuestas tan oportunas que solo me permiten entender que sigues ahí y estás ahí, y no te has ido ni te irás. Fuerza mía, eres tú, Señor, pues la verdad, sin ti, nada puedo hacer ni tener, pues todo te pertenece a ti, hasta mi último suspiro.
Quiero hacerte mío, Señor, conociéndote más y viviendo más a tu lado, todos los días de mi vida. En el nombre de Jesús, amén.
MIguel Montes