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Amós 9:11 NVI. »En aquel día levantaré la choza caída de David. Repararé sus grietas, restauraré sus ruinas y la reconstruiré tal como era en días pasados.
Qué hermosa y perfecta es la palabra de Dios, su maravilloso diario que no hace más que revelarnos lo que necesitamos y la manera como debemos vivir para estar despojados por fin de todo aquello que nos hace daño y que nos pone en el lugar equivocado de la comparación, del desamor, de la frustración y de tantas cosas más que se van volviendo estorbo en nuestras vidas.
Y en este nuevo mes que comienza, podemos ver que el verso de hoy nos dice claramente (Amós 9:11 NVI), »En aquel día levantaré la choza caída de David. Repararé sus grietas, restauraré sus ruinas y la reconstruiré tal como era en días pasados. Dios mismo se encarga siempre de levantar las chozas caídas de nuestras vidas y, en muchos casos, las chozas que nosotros mismos hemos tirado abajo.
Así mismo, Dios promete en su palabra que no solo levantará la choza caída, sino que reparará nuestras grietas. Y no sé cuál sea la herida que tienes abierta, pero, como lo dice el verso, solo Dios puede venir y reparar lo que se ha roto. Nadie más.
Finalmente, dice el verso de Amós, que Dios restaurará lo que está en ruinas y que reconstruirá todo, tal como era en días pasados.
Qué dicha reconocer y saber que lo primero que necesitamos reconstruir y levantar es nuestra relación con Dios, indistintamente del daño que nos hayan hecho o de las caídas que hayamos tenido o de las equivocaciones que hemos cometido buscando respuestas en todo lugar y en cualquier parte, menos en Dios.
Vamos a orar.
Como te amo, Señor, restaurador y redentor mío, quien me sana las heridas y me levanta todo el tiempo. Solo tú, Señor, eres mi luz y mi salvación, mi refugio, mi amparo, mi libertador. Hoy vengo a ti arrepentido y dispuesto a dejarme levantar, restaurar y recomponer por tu amor, pues solo tú lo puedes hacer de nuevo. Quiero volver a tu lado, Señor, y no apartarme de ahí nunca más. En el nombre de Jesús, amén.
Tu Tiempo con el Número Uno. 5ª temporada, 1 de marzo. Tres cosas para el tercer mes del año.
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Amós 9:11 NVI. »En aquel día levantaré la choza caída de David. Repararé sus grietas, restauraré sus ruinas y la reconstruiré tal como era en días pasados.
Qué hermosa y perfecta es la palabra de Dios, su maravilloso diario que no hace más que revelarnos lo que necesitamos y la manera como debemos vivir para estar despojados por fin de todo aquello que nos hace daño y que nos pone en el lugar equivocado de la comparación, del desamor, de la frustración y de tantas cosas más que se van volviendo estorbo en nuestras vidas.
Y en este nuevo mes que comienza, podemos ver que el verso de hoy nos dice claramente (Amós 9:11 NVI), »En aquel día levantaré la choza caída de David. Repararé sus grietas, restauraré sus ruinas y la reconstruiré tal como era en días pasados. Dios mismo se encarga siempre de levantar las chozas caídas de nuestras vidas y, en muchos casos, las chozas que nosotros mismos hemos tirado abajo.
Así mismo, Dios promete en su palabra que no solo levantará la choza caída, sino que reparará nuestras grietas. Y no sé cuál sea la herida que tienes abierta, pero, como lo dice el verso, solo Dios puede venir y reparar lo que se ha roto. Nadie más.
Finalmente, dice el verso de Amós, que Dios restaurará lo que está en ruinas y que reconstruirá todo, tal como era en días pasados.
Qué dicha reconocer y saber que lo primero que necesitamos reconstruir y levantar es nuestra relación con Dios, indistintamente del daño que nos hayan hecho o de las caídas que hayamos tenido o de las equivocaciones que hemos cometido buscando respuestas en todo lugar y en cualquier parte, menos en Dios.
Vamos a orar.
Como te amo, Señor, restaurador y redentor mío, quien me sana las heridas y me levanta todo el tiempo. Solo tú, Señor, eres mi luz y mi salvación, mi refugio, mi amparo, mi libertador. Hoy vengo a ti arrepentido y dispuesto a dejarme levantar, restaurar y recomponer por tu amor, pues solo tú lo puedes hacer de nuevo. Quiero volver a tu lado, Señor, y no apartarme de ahí nunca más. En el nombre de Jesús, amén.
MIguel Montes